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“Jobs”: Intento frágil de innovación

Si hay algo que distinguió al informático y co-fundador de Apple, Steve Jobs, era la capacidad de reinventar sus dispositivos y, a partir de una idea establecida y por él y su grupo de trabajo creada, diseñar algo nuevo, novedoso y que encajara con la esencia y concepto de su compañía y en la vida de las personas. Creatividad para crear algo.

La película basada en la vida del excéntrico genio de las computadoras, irónicamente no le rinde tributo a esta cualidad, ya que nos muestra el camino hacia el éxito de Jobs pero no ofrece ese extra que muchos esperábamos o queríamos conocer acerca de él. Es decir, nos quedamos con una muestra superficial acerca del creador de la Macintosh y nada más. El contexto y relato son llevados de forma normal, lineal, sin esa innovación y novedad que pudo homenajear de forma perfecta a su protagonista.

Estamos en la década de los setenta, donde los aparatos tecnológicos y esbozos de las primeras computadoras estaban sólo en el papel o aún en las mentes de los futuros genios de la informática y allí nos presentan a Steve, ese joven introvertido, absorto en sus pensamientos, de personalidad pasiva, la relación con sus amigos y su novia, su viaje a la India para expandir más sus ideas o liberarse; en suma, conocemos a un chico con aspiraciones hacia algo e ignoramos las formas en cómo lo conseguirá.

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En seguida –ya en 1976– ahora aparece el Steve visionario, dispuesto a realizar algo diferente de lo que existe en juegos y tecnología y llegar a lo más alto, siempre con un distintivo: renovación e innovación.

De ahí en más es un compendio –bien escogido, hay que decirlo– de todas las etapas vividas por Jobs: desde la fundación de Apple, el proceso para crear una computadora eficiente, confiable y, además, distinta, la entrada triunfal al mundo de la tecnología, su consolidación, su disputa con los inversionistas de la compañía, cuando se aleja de ella, cuando vuelve, sus condiciones, comportamientos, formas de trabajo, etc.

Es decir, es una gama de episodios lo que aporta la historia y guion del debutante Matt Whiteley. Un poco de todo lo sucedido en la carrera de Jobs con algunos momentos de intensidad y emotividad que sólo ‘están’ pero que trascienden poco o muy ligeramente, de inmediato pasan a otra situación sin establecer conflicto o trama que enganche lo suficiente.

En este punto hay que decir que, pese a que el filme lo dirige el debutante Joshua Michael Stern, logra que fluya bien la dinámica a partir de cómo está estructurada la historia pero, sin duda, el peso de ésta recaía en una sola persona: Ashton Kutcher.

Ubicándolo más en series y comedias románticas como Just Married (2003), What Happens in Vegas (2008) o Two And a Half Man (desde 2011), aquí logra una interpretación aceptable, sin caer en que sea extraordinaria ni el estelar de su carrera.

Su trabajo al encarnar a la mente maestra de Apple significó un reto personal para Kutcher, no sólo porque se trataba de un personaje mundialmente reconocido sino porque, una parte de su capacidad actoral, estaban en juego en este rol. Sin embargo, consiguió darle vida al californiano de manera ágil, genuina y fresca, resaltando los aspectos y conductas del Steve real: modo de caminar, hablar, ofrecer sus discursos, sus momentos creativos, de enojo, molestia, impotencia, alegría, destacando en grandes lapsos su faceta como buen negociador, emprendedor y líder visionario, aferrado su idea; eso fue lo que revitalizó y ayudó al guion, añadiéndole el gran trabajo de maquillaje y caracterización tanto para él y los demás personajes.

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Sobresalen, a su vez, los roles de Josh Gad como Steve Wozniak y Dermot Mulroney en el papel de Mike Markkula, ambos amigos y fieles escuderos de Jobs desde la creación de la primera computadora Apple hasta la consolidación de la compañía. Gad con el dinamismo, entusiasmo, camaradería, humor  e inventiva que imprime a Wozniak, aporta frescura y un complemento idóneo a la personalidad serena y meticulosa de Jobs; por otro lado, Mulroney da ese toque de “malvado” a quién señalar, aunque hay otros, pero él es el principal.

Aspectos secundarios que acompañan a la película como la música, en ocasiones, demasiada para matizar momentos, ambientación, lenguaje, vestuario, todo es, de nuevo, bien armado, articulado, pero no más. El motivo era mostrar al innovador, era ‘pensar diferente’ y explotar los recursos, anécdotas y datos que se tenían de él, tal vez no de una forma desmesurada, pero sí arriesgada para contar más allá de la construcción del imperio de la manzana.

 Explorar su mundo, quién era, cómo era, sus trasfondos, motivaciones poco conocidas, rarezas, extravagancias, qué había detrás del proceso creativo que vio nacer la Macintosh, su evolución, la evolución personal del mismo Jobs, que se quedara el recuerdo en pantalla del hombre que logró sistematizar el hecho de que tener una computadora era algo más que tener un artefacto para solucionar, era la posibilidad para crear.

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En suma, sin duda un intento que se quedó, quizás, a medio camino para ser lo que se esperaba o vaticinaba y era una excelente e inmejorable oportunidad para rendirle tributo a un loco que revolucionó el mundo de las computadoras, dispositivos y la tecnología en sí. Una película perfectamente adaptable para la televisión que te cuenta, te informa, pero sólo eso, no transmite algo más, que atrape de verdad.

Como él mismo dijo una vez: “¿Cómo alguien puede saber lo que quiere, si ni siquiera lo ha visto?”… De la mano del séptimo arte, revivir al creativo habría sido posible eso que esperábamos o queríamos: ver y conocer, un poco más, a Steve Jobs.

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