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Tuteando con el Óscar: ‘Lincoln’

“Nada te sorprende, por lo tanto nada de ti es sorprendente”. Bien podríamos contestarle a Tommy Lee Jones responsable de la frase que sí nos sorprendió Spielberg con esta nueva película, nominada a doce premios Óscar.

‘Lincoln’ está ambientada en el año de 1865, con la Guerra Civil norteamericana que no cesa, el conflicto entre republicanos (gente del norte con ideales de renovación) y conservadores (sureños y más tradicionalistas) en su apogeo y agudizado aún más por la posible aprobación de la decimotercer enmienda –hilo conductor de la historia– propuesta por el presidente Abraham Lincoln, y que aboliría por completo la esclavitud en los Estados Unidos de América.

Bajo esta atmósfera de radicalismo, racismo, intolerancia y desconcierto, el presidente Lincoln busca la igualdad de los hombres, que sean tomados en cuenta como personas y ya no como mercancías, con los mismos derechos y obligaciones de cualquier ciudadano y respeto hacia su integridad, ideas y creencias.

Sin embargo, Spielberg se aleja de la parafernalia de los efectos especiales y ficción de los ochenta para contarnos la historia del Abraham Lincoln como padre, esposo, compañero y, por qué no decirlo, hasta buen relator de anécdotas.

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A pesar de que muchos conocemos, o la gran mayoría tiene la noción de lo sucedido en este acontecimiento en la Unión Americana, la fuerza, estructura y adaptación del guion, propicia que nos mantengamos atentos en el transcurrir de la historia que, es cierto, es larga y, a veces, parsimoniosa, pero te atrapa porque te obliga a querer saber qué pasará con la enmienda en sí ¿será aprobada, no lo será? ¿Habrá más obstáculos de los existentes? ¿Lincoln y su gente qué harán?… eso, créanme, ya no cualquiera lo consigue.

Daniel Day-Lewis interpreta al mandatario estadounidense con la maestría que ya lo hizo ganador en dos ocasiones de la estatuilla (Mi Pie Izquierdo en 1989 y There Will Be Blood en 2007); conocemos al Lincoln pensante, paciente, conciliador, con problemas de familia como cualquier otro, reflexivo, que sufre los estragos y sufrimiento de una guerra con más de seiscientos mil muertos, entre ellos su hijo.

Es decir, además de conocer el lado profesional del personaje, podemos ver al ser humano detrás del líder estadounidense, ese que juega con su hijo, discute con su mejor, conversa con su servidumbre, etc.

Lo anterior nos es fácil notarlo (y disfrutarlo) gracias a la caracterización e histrionismo que Lewis imprime en pantalla, ya que las posturas, acentos, gestos e interacción son sobresalientes, exactas; un estudio del personaje que requirió leer libros, biografías, observar videos, consultar referencias que describían cómo era y se comportaba el verdadero Abraham.

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Otro acierto actoral destacado fue Sally Field (igualmente ganadora, en 1979 por Norma Rae y en 1984 por Places In The Heart) como Mary Todd Lincoln, la compañera de vida y confidente del presidente, una mujer sufrida pero fuerte de carácter; inteligente, comprensiva y, a la vez, frágil, la única que ponía en jaque a un congresista o a Lincoln mismo. No por nada Spielberg, en un casting casi exclusivo entre ella y Lewis, la confirmó en el reparto.

Mención aparte es la aportación de Tommy Lee Jones como el político republicano Thaddeus Stevens, incondicional a favor de la igualdad entre los hombres. Por mucho es el mejor papel de Jones desde Men In Black o U.S. Marshalls, con fuerza, presencia y hasta comicidad en lapsos. Podemos notar, de igual forma, el crecimiento de Joseph Gordon-Levitt, quien interpreta a Robert, hijo de Lincoln.

Para finalizar, la producción del filme la posiciona, como adelantamos, en la que más nominaciones tiene y eso incluye una musicalización y fotografía perfectamente matizadas, de acuerdo al contexto patriótico que se trata, encabezadas por John Williams, quien ya ha acompañado a Spielberg en otros proyectos y al fotógrafo Janusz Kaminski, a quien recordamos por su labor en la película War Horse, hace un año o Múnich, en 2005.

En suma, una película que podría catalogar de reconocimiento porque vuelves a conocer o, lo haces por primera vez, a aquel hombre muy alto, barbudo, que está presente no sólo en los billetes de cinco dólares, sino, también, en la mente y quizá en el corazón de miles de norteamericanos, blancos o afroamericanos que, en él, vieron más que a un presidente, a un hombre justo, que quería el bien común para a los miles que representaba.

Que está sea una película “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, de todo el mundo.

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